miércoles, 30 de abril de 2008

¿Y un examen? ¿Sabrían redactar un examen?

Me encanta la Wikipedia. Reconozco que es una afición de solteros misántropos, pero aún así creo que procura ratos muy divertidos. Por si este puente no tenéis nada que hacer, os recomiendo algunas de mis entradas preferidas (Ontological argument, Lorem ipsum, Análisis de frecuencia, Sesgo cognitivo o Experimento de Milgram), aunque lo mejor es una búsqueda aleatoria e ir enlazando. La wiki inglesa es mucho más completa, y las páginas de discusión, mucho más serias (por cierto, echad un vistazo a las páginas protegidas y a los foros de debate, porque no tienen desperdicio). Mi entrada preferida, con todo, es la titulada Teorema de los infinitos monos: el original está en la página inglesa y en su versión más conocida dice que un mono, delante de una máquina de escribir y pulsando las teclas al azar, llegaría a escribir las obras completas de Shakespeare. Bastará con que os diga que se han llegado a financiar instalaciones para comprobar qué ocurriría si realmente se pusieran unos cuantos monos delante de una máquina de escribir. Igual que la Wikipedia es un proyecto que contribuye a no dar por fracasada a la especie, la cantidad de tiempo y de energía que se ha dedicado a este tema nos revela los abismos insondables de la estupidez humana.

Ahora, por favor, volved a leer el título de este comentario.

martes, 29 de abril de 2008

Leoncio

Martha Craven Nussbaum tiene ideas realmente brillantes y escribe muy bien. Si podéis, leed alguno de los muchos libros que ha publicado, casi todos ellos por Paidós en castellano (no os recomiendo el de Katz, porque la traducción es espeluznante, pero también merece la pena). La cuestión es que me he acordado de ella por varios motivos; uno de ellos, el tratamiento que le ha dado la prensa al caso del ciudadano austriaco que mantuvo secuestrada a su hija durante 24 años. Todo el mundo se horroriza al conocer los detalles más escabrosos del caso, pero no puede evitar querer saber más. Lo cual, a su vez, me recuerda otro episodio de la República (perdón, perdón, pero leedlo, que está bien):
Leoncio, hijo de Aglayón, subía del Pireo por la parte
exterior del muro del norte cuando advirtió unos cadáveres que estaban echados
por tierra al lado del verdugo. Comenzó entonces a sentir deseos de verlos, pero
al mismo tiempo le repugnaba y se retraía; y así estuvo luchando y cubriéndose
el rostro hasta que, vencido de su apetencia, abrió enteramente los ojos y,
corriendo hacia los muertos, dijo: "¡Ahí los tenéis, malditos, saciaos del
hermoso espectáculo" (trad. José Manuel Pabón y Manuel
Fernández-Galiano).

Bien, no es el único pasaje de la literatura griega en el que se advierte cierta intuición del inconsciente (Platón es un gran psicoanalista avant la lettre; en otro momento hablaré de Eurípides), pero resulta muy actual, porque el sentimiento no ha cambiado nada en 2 500 años. Creo sinceramente que la lucha contra esta atracción morbosa debe ser incansable, y creo que los medios deben ser la vanguardia del combate. Los sentimientos de Leoncio son comprensibles, pero el comportamiento de los periodistas no admite disculpa.
Nussbaum ha construido una filosofía de los sentimientos, y la vergüenza es uno de los que trata con más detalle. En El ocultamiento de lo humano habla de cómo muchas veces la humanidad y la civilización se han definido por su capacidad de reprimir funciones corporales y tendencias 'salvajes', pero eso tampoco nos ha llevado muy lejos. La influencia platónica (esta separación radical entre el cuerpo y el alma) ha sido en este sentido extremadamente perniciosa y todavía estamos liberándonos de ella.
En otro momento del mismo libro, la autora menciona cómo la deshumanización del nazismo, que ha acabado convertido en una maligna abstracción, como los malos de un videojuego, no es una buena estrategia para conocer el proceso que acabó en el Tercer Reich. Porque, viene a decir Nussbaum, lo terrible de aquella experiencia es que los que cometieron los crímenes no eran demonios ni abstracciones, sino gente normal en unas circunstancias determinadas. Si no entendemos eso, corremos el riesgo de repetir los mismos errores.
En fin, en todo este tema uno no puede evitar cierta sensación de decadencia, de estar asistiendo al desmoronamiento de un imperio. La única esperanza son los bárbaros, que ahora llegan en patera.

lunes, 28 de abril de 2008

Ira

En ciertas ocasiones sociales, viene bien poder recurrir a pequeñas estrategias para animar una conversación; una de mis preferidas consiste en preguntar a los presentes (si se tiene cierta confianza) cuáles son sus tres pecados capitales. Haced la prueba, porque los resultados merecen un análisis: por ejemplo, hay ciertos vicios que ya ni se consideran tales (a casi nadie le importa confesarse lujurioso o tragón), pero nadie confesará su soberbia ni mucho menos su envidia hacia el vecino (a pesar de que todos sabemos, por experiencia, que hay más envidiosos que Mesalinas).
Y no digamos la ira, que muchos habríamos sacado de la lista hacía tiempo; digo habríamos, porque ya no estoy tan seguro. Y es que me confieso cada día más iracundo. Y no como un héroe homérico, que bueno, tiene su aquel, sino más bien del tipo imprevisible-avasallador-Fernando Fernán-Gómez (d. e. p.). Yo antes no era así, de verdad: quien me conoce desde hace años sabe que era un tipo pacífico y de temperamento flemático (eso es lo que me salió en aquellas pruebas que hacían antes en los colegios; que conste que el temperamento más común entre los navarros era el colérico, pero el mío no). Pero ahora..., ahora soy el nuevo Hulk, pero sin colores chillones.
Así que ya puedo ir actualizando mi lista (que no voy a confesar) para incorporar al recién llegado. Lo malo es que no sé a qué pecado de los antiguos va a desplazar.

sábado, 26 de abril de 2008

Responsa...¿qué?

En el mito final de la República, Platón cuenta que las almas deben escoger la clase de vida de su próxima reencarnación. Láquesis, la hija de la Necesidad, les advierte: “la virtud no tiene dueño, sino que cada uno participará de ella, en mayor o menor medida, según la consideración que le merezca. La culpa es del que elige: la divinidad es inocente”. Describe Platón a continuación las clases de vida que Láquesis extendió ante ellos, desde tiranías a vidas normales, unas maravillosas, otras mezcla de desgracias y momentos felices… “Ese es el momento más crítico para el ser humano” dice Platón, y por eso hay que descuidar todas las demás enseñanzas y dedicarse solo a aquella que nos permita tomar la decisión correcta en ese instante, para saber distinguir la vida mejor y la más desgraciada, y qué combinación de elementos, de riqueza, belleza y sabiduría, produce una u otra; "y cuando llegue al Hades deberá conservar esta opinión como un diamante (diamantinamente dice Platón; fijaos cómo la polisemia se conserva en castellano: algo firme y precioso) de modo que no se deje deslumbrar allí por las riquezas ni por otros males por el estilo".
Bien, el caso es que, a pesar de las advertencias, el primero que tenía que elegir se abalanzó sin pensarlo sobre la mayor tiranía que encontró a mano. Y cuando se dio cuenta de que su destino sería devorar a sus hijos y otras desgracias, empezó a darse golpes, a lamentarse y a echar la culpa a la suerte, al destino, a los dioses…, a todos, menos a sí mismo.

Platón estaba especialmente preocupado por la cuestión de la responsabilidad, que el estudio de la química cerebral ha puesto de nuevo de moda entre los filósofos. De hecho, las neurociencias se han convertido en la cuestión previa de toda filosofía, porque de ellas dependen ideas que siempre se habían dado por supuestas, como voluntad, responsabilidad, libertad, etc. Y para que conste, la libertad va perdiendo; lo cual quiere decir que quienes han estudiado estas intrincadas cuestiones se inclinan por la hipótesis determinista (es decir, que nuestra conducta es inevitable: solo podemos hacer lo que hacemos, y nada más). Así pues, nuestra identidad (lo que pensamos que somos), queridos amigos, no es más que una secuencia de estados físico-químicos y no hay más que hablar. En un primer momento, parece algo terrible; pero bien mirado, también resulta liberador; al fin y al cabo, podemos hacer lo que queramos, porque no es culpa nuestra. ¡Hala, a pecar!

Cada día todo esto parece más evidente; nadie quiere hacerse responsable de nada de lo que ocurre a nuestro alrededor, como si, inconscientemente, quisiéramos confirmar la mencionada hipótesis. Antes, cuando uno se hacía responsable, se suponía que debía responder, pagar las consecuencias; bueno, pues ahora resulta que no, que vemos a políticos que reconocen su responsabilidad en un desastre y se quedan tan anchos. Oiga, no, esto (todavía) no funciona así.

Lo malo es que últimamente todos, en mayor o menor medida, nos llamamos a andana: los profesores echan la culpa a los padres, los padres a los profesores, todos a la televisión, a la sociedad, al sistema, a todos, como el personaje de la República, menos a nosostros mismos. Y de ahí que la solución perfecta esté en conseguir descargar nuestra culpa (siempre con la culpa a cuestas, qué aburrimiento) en el supervillano definitivo: Mr. TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD (TDAH).

Ya está: con este personaje, que no protesta, ni se defiende, ni escribe un blog, todos somos inocentes, porque la química nos gobierna, porque ya está bien de tanta responsabilidad y tanta historia, porque ya se han acabado los castigos y las culpas, que era lo que se pretendía, y por fin podemos dedicarnos a lo que realmente queremos: gastar y gastar y bailar el Chiqui-chiqui.

viernes, 25 de abril de 2008

Jasón comía palomitas

Estoy preparando un nuevo comentario, pero tengo que revisar algunos detalles; para no dejaros huérfanos, me gustaría compartir mi asombro por lo que he leído hoy en una versión de las aventuras de los Argonautas (Riordan, J., Jasón y los Argonautas, en Vicens-Vives); en el episodio en el que Jasón ayuda a una anciana (que luego resulta ser Hera disfrazada) a cruzar el río Anauro, el traductor nos cuenta cómo Jasón "atravesó un campo de maíz" (¡!). Sí señor, Jasón no llegó solo hasta la Cólquide, sino hasta América, y se trajo además las semillas de tan maravillosa planta. La verdad que en el mismo viaje podía haberse traído unos tomates, y les hubiera ahorrado a los indígenas el apocalipsis colombino.

Que conste que la falta no es del autor, que seguramente habrá puesto corn en su texto (y que en Reino Unido significa genéricamente "grano"); el caso es que me ha hecho gracia. Mañana publico la entrada.
(P. D.: no incluyo el nombre de los traductores porque me parece feo; se dice el pecado pero no el pecador).

miércoles, 23 de abril de 2008

Libros

Me había prometido no hablar de libros ni de lectura, pero solicito indulgencia. Aunque con algo de retraso, ha llegado a mis manos el Anuario sobre la situación del libro infantil y juvenil 2008, editado por SM, que debería ser lectura obligatoria en todos los niveles de la administración educativa (se publica todos los años: este incluye apartados sobre Argentina, Chile, Brasil, Colombia…). Algunos datos que se incluyen en el informe: en 2006 se publicaron más de 12 000 títulos (¡60 millones de ejemplares!); se facturó un 14% más que el año anterior; el 60% de los hogares tiene menos de 100 libros… Y una conclusión: “A pesar de la creencia generalizada de que los jóvenes apenas leen, los datos de facturación y la información recogida desde diferentes fuentes demuestra que la población menor de 14 años es la más lectora, con un 90, 3% de lectores habituales”.
Cansa decirlo una vez más, pero a pesar de su prestigio, la lectura no nos hace mejores personas. Si tu naturaleza es canalla y perdularia, ningún libro te va a convertir en un probo ciudadano. En realidad, tampoco nos hace más sabios, cultos o inteligentes, que era el consuelo que nos quedaba a los feos. Seguro que tenéis cerca individuos que leen mucho y siguen siendo igual de cretinos; y gente magnífica (con un sentido intuitivo de la belleza y de la justicia que muchos envidiamos) que nunca leerá más que las instrucciones del DVD. Por recomendar algo, ya que parece obligatorio, echad si podéis un vistazo a los diversos anuarios de organismos internacionales que aparecen por estas fechas (Informe sobre el desarrollo de la ONU, el anuario del Worldwatch Institute, el atlas de Le Monde Diplomatique); para los piratas, Historia de la piratería, de Philip Gosse, recién publicada por Renacimiento (Isla de Tortuga); y para los científicos, la biografía de Heisenberg, en Nivola. Que os aproveche.

lunes, 21 de abril de 2008

Sentido común

Si sabéis inglés, no os perdáis los artículos que escribe Tony Judt en "The New York Review of Books" (disponible en la página de la revista). El último (1 de mayo) está lleno de la clase de ideas que dicen thought-provoking. No significa esto que sean ciertas, sino que te hacen pensar. Lo que dice Judt es sensato y en eso se parece a Aristóteles, que fue el primero en establecer lo que era (y sigue siendo) el sentido común. En el caso de Aristóteles no tiene mucho mérito, porque estaba rodeado de gente que no hacía más que soltar disparates (que si todo es agua, que si todo es fuego, que si las ideas...), así que si de pronto llega alguien diciendo que la historia se ocupa de lo particular y la poesía de lo universal, pues hombre, tiendes a hacerle caso. Bueno, pues con Judt pasa algo parecido. Habla, por ejemplo, de la ansiedad por olvidar el pasado (no de recordarlo con placas, que de eso hay mucho; cito el final de La peste; Rieux dice
—¿Le importa a usted que suba un poco a la terraza?
—Nada de eso. ¿Quiere usted verlos desde allá arriba, eh? Haga lo que quiera. Pero son siempre los mismos.
Rieux se dirigió hacia la escalera.
—Dígame, doctor, ¿es cierto que van a levantar un monumento a los muertos de la peste?
—Así dice el periódico. Una estela o una placa.
—Estaba seguro. Habrá discursos.
El viejo reía con una risa ahogada.

—Me parece estar oyéndoles: «Nuestros muertos…» y después atracarse).
En EE. UU., por ejemplo, se han olvidado las consecuencias de la guerra, lo que ha llevado al país a un belicismo desconocido actualmente en Europa; y lo que es más grave, ese mismo olvido ha hecho que se equivoquen de enemigo, o que puedan hablar de la tortura sin que la gente se eche las manos a la cabeza (sobre este tema ya hablaré otro día). En fin, si alguien quiere leer otro artículo suyo en castellano, lo tiene traducido en el número de abril de Claves de razón práctica, o, mejor todavía, puede leer Pasado imperfecto o Posguerra, todavía en las librerías (¿por qué no hay nadie que escriba así en castellano? ¿O sí lo hay?).

Un día de campo

Un día de campo
Por aquí suelo pasear

Un día de campo

Un día de campo
Esto está cerca de mi pueblo