viernes, 16 de mayo de 2008

Fariseos

Perdón por el abandono, pero he tenido una semana realmente ajetreada; además, se me han acumulado muchos comentarios, que iré colgando en los próximos días.

Decía el otro día Rosa Montero en la última de El País que los Estados Unidos, además de ser muchas veces el ejemplo de lo que no queremos ser (pero que sin duda acabaremos siendo), también tienen sus cosas buenas. La columna trataba de la supuesta levedad de las condenas contra crímenes en los que se da un grado excepcional de crueldad o que conmueven especialmente por sus agravantes. La cuestión es que yo siempre me he preguntado cómo es posible que en un país tan propenso a las venganzas viscerales, al "a ese hay que cogerlo y ..." (virgiliana aposiopesis) haya un sistema bajo la permanente acusación de indulgencia. Cuando pregunté a mis alumnos, comprobé que la mayoría se adhería sin asomo de duda al principio de reciprocidad penal, lo que los ingleses llaman retaliation, es decir, el Talión bíblico, puro y duro. No solo eran mayoría, sino que además eran ciertos alumnos, especialmente sensibles al trato sádico que les dan los profesores, los que más duramente reclamaban severidad inflexible contra los delincuentes. Los mismos alumnos que, con una constancia indesmayable digna de mejor causa, se quejan de que algo es injusto, de que no hay derecho, de que los profesores son muy duros..., esos, esos precisamente, pedían la pena de muerte para cualquier delito más grave que aparcar en doble fila.

Lo que me condujo a la siguiente reflexión, que les expuse al día siguiente: aunque creo que esas opiniones no son suyas, y por lo tanto es probable que las vayan modificando poco a poco, me apena mucho ver que siendo tan jóvenes piensen como carcamales carcundas. Causa cierta tristeza comprobar que a los quince años hay corazones encallecidos como los de los fariseos que esperaban a que Jesús curase a alguien en sábado para poder acusarle (maravillosa descripción evangélica de la suspicacia dominante hoy. El pasaje de San Marcos dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: "Extiende la mano". Él la extendió y quedó restablecida su mano, Mc 3, 4-6). Bien, se extiende como un virus el comportamiento del fariseo, muy bien descrito por Ferlosio en varios artículos: aquel que dice, mientras se da golpes en el pecho: "Gracias, Señor, porque no soy como ese miserable publicano pecador". Gracias pues, Señor.

sábado, 10 de mayo de 2008

Últimas palabras

Uno se imagina el momento supremo en circunstancias apacibles y consoladoras y piensa que tendrá tiempo para pronunciar unas palabras que, obviamente, quedarán debida aunque misteriosamente registradas. A mí me gustaría ser como el protagonista de la anécdota que cuenta J. Griffin en la traducción castellana de uno de sus libros sobre Homero (que paso a incluir en la lista; si te gusta algo la Antigüedad, deberías estar leyéndolo en lugar de perder el tiempo delante del ordenador):


Tenemos un impresionante ejemplo de la inspiración de un espíritu verdaderamente aristocrático en un relato contemporáneo de lord Granville, Presidente del Consejo en 1762, durante la elaboración del texto del Tratado de París. Robert Wood, que le trajo el documento un día antes de la muerte de Granville, es quien nos cuenta la anécdota: "Lo encontré tan lánguido que le propuse demorar mi asunto para otra ocasión; pero él insistió en que yo debía quedarme, diciéndome que el posponer su deber no iba a prolongar su vida, y repitió el siguiente pasaje del discurso de Sarpedón (12. 310-328) que Granville citó en griego:


"Mi buen amigo, si, por huir de este combate, hubiéramos de ser ya para siempre exentos de vejez e inmortales, ni yo mismo en vanguardia lucharía ni a ti te enviara a la batalla que da gloria a los hombres; mas ahora, sin embargo, pues las diosas funestas de la muerte penden sobre nosotros a millares, a las que no es posible que un mortal consiga escapar o esquivar, vayamos a ver si otorgamos gloria a alguien o bien alguien nos la otorga a nosotros."

Su señoría repetía la última palabra ('vayamos' en esta traducción) varias veces, con calma y decidida resignación; y tras una grave pausa de algunos minutos, deseó oír la redacción dada al Tratado, al que prestaba la máxima atención.


Lord Granville tuvo un testigo que seguramente también conocía el texto griego; si no, podría haber acabado diciendo que Granville ya estaba chocheando, y deliraba hasta el punto de haber comenzado a balbucear una jerga ininteligible e infantil. Bueno, yo me imagino algo parecido(que conste que me aprendí el pasaje de memoria), pero la realidad es que, cuando ocurra, seguro que nos pilla desprevenidos, y no nos da tiempo más que a exclamar:"¡Hala, mira qué ola más grand...!" .

jueves, 8 de mayo de 2008

No somos nada

Una de las descripciones más angustiosas del infierno es la que incluyen D. Enoch y H. Ball en su libro Síndromes raros en Psicopatología: el delirio de negación o síndrome de Cotard es un trastorno mental que se caracteriza porque el paciente insiste en que está muerto, en que algún miembro de su cuerpo se halla en descomposición o en que le falta alguno de sus órganos internos. Pero en los casos más graves, el afectado (paradójicamente) sostiene al mismo tiempo que es inmortal, que no existe la realidad exterior ni el tiempo ni el yo y que, por lo tanto, se halla condenado a vagar para siempre en el reino del no-ser sin posibilidad de que nada, ni la muerte (porque ya ha muerto y es inmortal), pueda liberarlo de ese estado:

Tras ser dada de alta, y tras un periodo inicial de mejoría, se produjo una reagudización de su enfermedad. Se volvió extremadamente reservada y tuvo que ingresar en otra clínica, donde ella aseguraba: "todo está muerto dentro y fuera de mí" Estaba absorta en lo que Martis describió vívidamente como "su propio abismo de abatimiento". Solo en contadas ocasiones respondía a las preguntas que se le hacían o realizaba verbalizaciones espontáneas. En una ocasión, señaló el paisaje a su alrededor, y dijo que todo lo que la rodeaba, "el sol, la tierra y todas las estrellas, no existen". Ella creía ser la única superviviente de la explosión inicial que había creado el mundo, y que vagaba por un mundo vacío como una "estrella carbonizada". Creía que incluso el tiempo había sido consumido, y que, en consecuencia, estaba condenada a vagar eternamente en esta forma.

Las interpretaciones modernas sobre la estructura última del universo parece que dan la razón a los pacientes del síndrome. Desde hace tiempo se intuye que el tiempo es una magnitud sobre cuya existencia se puede albergar un sano escepticismo. Pero las cosas existían, porque se podían tocar. Bueno, pues ya no. La física teórica afirma que el universo está vacío, y que en realidad los cuerpos sólidos son configuraciones provisionales de energía, como un sistema discontinuo y bastante inestable de partículas subatómicas. Uno, cuando lee esto, se desazona, porque si era cosa de locos, vale, pero si hasta los propios científicos (sobre los que, como con el tiempo, también nos convendría observar un sano escepticismo) nos dicen que somos una sopa de partículas, como una matrioska..., digo yo, ¿y ahora, qué, los sacamos del manicomio?



miércoles, 7 de mayo de 2008

Pelo

Los representantes de los países más poderosos se han reunido en una convención contra el hambre y el analfabetismo, cuyo programa consta de sesiones plenarias con los siguientes títulos:
-"La insuficiencia nutricional: causas y consecuencias",
-"Subdesarrollo y ecología: la interacción de dos fenómenos relacionados",
-"¿Qué es 'estar bien'? Perspectivas globales para el nuevo milenio",
y otros parecidos. Tras leer montañas de papeles y estadísticas, los expertos se van a celebrar el éxito del congreso con una cena de 200 napos en el Bulli de turno.

¿Sarcástico? Bueno, pues eso es lo que ocurre constantemente en educación (no sé si ocurre en otras áreas como la que aparece en el ejemplo). Los profesores deben acudir periódica y regularmente a una serie de cursos que, como el congreso ficticio, se organizan en torno a exposiciones teóricas con títulos tan rumbosos como "Las competencias clave y las disfunciones cognitivas en el área de Lengua: estrategias y soluciones" (tranquilos, es inventado). Tras soportar horas de tediosas, abstractas y prolijas exposiciones, ni siquiera tienen el consuelo de la merendola. La cuestión es que esos cursos sobre los problemas de la educación han servido para solucionar los problemas de la educación exactamente en la misma medida en que el congreso contra el hambre ha contribuido a acabar con el hambre. Una tomadura de pelo (y a mí, con la guedeja, ni una bromita, señores).

martes, 6 de mayo de 2008

Enciclopedia

Se ha olvidado, pero la etimología lo dice claramente: es el saber redondo, el conocimiento circular que pretende ofrecer una imagen racional del mundo. De ahí viene la universidad, de la idea de que quienes terminaran estos estudios tendrían una visión más completa y exacta de la realidad, que sabrían interpretar mejor lo que pasaba a su alrededor. Los caballeros que fundaron las universidades con estas ideas (algo ingenuos, por cierto) quedarían hoy espeluznados; no lo digo solo por Bolonia (¡pobre Bolonia!), porque Bolonia no es más que un reflejo de lo que pide la sociedad. Y la sociedad no reclama hoy humanistas, sino software.

Pero no nos confundamos: la universidad no se hizo para esto; estas cosas, igual que los puentes o las cafeteras, con ser todas muy necesarias y mejorar notablemente nuestra vida, las hacen los técnicos. Muy dignamente, que conste, pero deberían aprenderse en unos estudios superiores que formaran a competentes y maravillosos artesanos, no en la universidad. Serían los gremios del siglo XXI (incluso se les podría dedicar alguna calle, como antes: Calle de los Desarrolladores de software, calle de C++, etc.). Para los que quieran algo más, la universidad. Que, para empezar, podría constar, como en la Edad Media, de un trivio y un cuadrivio. Ojo, no serían enseñanzas incompatibles; así, uno podría cursar primero unos estudios generales (¿por qué se llamarían así?) y después otros especializados, o al revés. Propongo, además, que una de las asignaturas del trivio fuera Filosofía; todos los que quisieran conseguir ese grado superior tendrían que estudiar no solo las principales doctrinas filosóficas, sino también varias ramas específicas (Filosofía del Lenguaje, Filosofía de la Ciencia, Historia de las Ideas...). Habría que desarrollarlo todo un poco más, pero peor no iba a salir, ¿no?

sábado, 3 de mayo de 2008

Amigos del Reform's Club

La vida ideal se acerca bastante a la que lleva Phileas Fogg al principio de La vuelta al mundo...: ir al club, leer los periódicos, comer allí mismo, leer los periódicos de la tarde, practicar la conversación y algún entretenimiento caballeresco...; observar, en definitiva, una rutina calculada al segundo, sin sobresaltos, entre periódicos y respetables (aunque pérfidos) lores. Es ideal porque uno no puede, al mismo tiempo, llevar una vida normal y leer los periódicos con la actitud adecuada. Lo digo porque este sábado, por ejemplo, Babelia trae varios artículos que merecen la pena, y te da mucha rabia tener que abandonar su lectura para llevar a cabo satisfactoriamente y con feliz resultado tareas como comer o afeitarse, triviales y engorrosas, aunque necesarias para la conservación de la especie. Pero es que a la lectura de los diarios hay que sumar la de los semanales, quincenales, mensuales... Así que no me extraña que se dejen de leer los libros que reseñan las revistas de libros. Si lo pensamos bien, lo que recordamos de un libro puede condensarse en 20 líneas, y así podemos presumir además de una opinión autorizada sobre el tema. Mi propuesta, por lo tanto, es fundar aquí una versión local del Reform's Club, para lo que solo haría falta una moderada inversión de nuestro socio capitalista y solucionar un pequeño inconveniente: ¿de dónde sacamos a los respetables (y pérfidos) lores?

jueves, 1 de mayo de 2008

Paralipomena (yo también estoy de puente)

Las vacaciones solo admiten dos desenlaces: éxito apoteósico o tragedia griega. Uno pregunta qué tal las vacaciones, y las respuestas son incondicionales; sabemos por experiencia que las cosas no son así, que por lo general las vacaciones no han pasado de un vulgar pscha, lo mismo en Katmandú que en el pueblo de la abuela; lo que ocurre es que cuesta reconocer que uno ha invertido un potosí para no pasarlo mucho mejor que en casa; nuestra experiencia tiene que ser memorable. Por eso, salvo hecatombe (que también es un éxito, no nos equivoquemos), procuraremos ocultar el aburrimiento, el cansancio y las ganas de no haber salido nunca que nos asaltaron y reinventar, cuando nos lo pregunten, cómo habrían sido nuestras vacaciones ideales. Lo que significa que, en realidad, viajamos por una cuestión de imagen, para los demás, y que la ultima ratio de las vacaciones (el descanso) ha quedado olvidada entre las ficciones con las que justificaremos nuestro gasto.

La coincidencia de estímulos contradictorios suele llevar a la parálisis; pero sucede a todas horas con el sexo; ¿cómo no van a estar enfermos los miembros de una sociedad sexualizada hasta extremos clínicos y al mismo tiempo levítica y puritana? Eso necesariamente ha de conducir al desequilibrio y a la aberración; yo no consigo salir de mi asombro y no dejo de preguntarme cómo todavía hay gente normal y no nos han ingresado a todos en el frenopático.

Amigos, aprovechad este puente para ir a ver una peli, porque no van a durar mucho. En los últimos días me he visto defendiendo dos veces la decadencia del formato cinematográfico; parece que lo que quiero decir es que no me gusta el cine, pero no es así. Lo que sostengo es bien obvio, y es que el DVD y los canales digitales han acabado con las demás pantallas. El cine tenía sentido cuando uno estaba atado a las programaciones y tenía una tele de pena. Pero eso se ha acabado, y si todavía va alguien a las multisalas es por nostalgia o por invitar a la chica (que es muy buena razón). Por 6 € uno puede ver la película que quiera, cuando quiera, quedarse dormido, rebobinar, darle al pause... Y además, también puede invitar a la chica, y no se arruina.

Un día de campo

Un día de campo
Por aquí suelo pasear

Un día de campo

Un día de campo
Esto está cerca de mi pueblo